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¿Te echas de menos?

¿Habéis pensado alguna vez qué fácil resulta echar de menos a seres queridos, tiempos pasados, vivencias y, incluso, lugares? Es más, a veces el tiempo que dedicamos a hacerlo es tanto que nos aleja del presente, sin ser conscientes de que es la semilla de nuestro futuro.

Pero, ¿os habéis planteado alguna vez qué poquitas veces nos ECHAMOS DE MENOS A NOSOTRES MISMES?

¿No te parece curioso? Deambulamos por la vida volcades hacia afuera, diluyéndonos entre rutinas, compromisos, obligaciones, exigencias y autoexigencias, “tengo que”, “debería de”… sumiéndonos poco a poco en una amnesia de nosotres mismes. Qué fácil es perderse en una cotidianeidad en la que no somos nuestra prioridad y ni siquiera somos conscientes de tanto que late en nuestro interior. Así, sin darnos cuente, nos vamos desconectando de nosotres, de nuestro centro, de la raíz, de nuestra esencia hasta “desaparecer”.

Y, aun así, no logramos echarnos de menos.

Aparecen síntomas sutiles o gritos en el cuerpo, que nos indican que no estamos siguiendo la senda del corazón. Señales que, a veces cuesta comprender  o identificar, y que nos son más que el murmullo de la ausencia de nosotres mismes. El eco del vacío interior que se ha ido instaurando al olvidarnos de cuidarnos, de respetarnos, de valorarnos, de reconocernos, de nutrirnos, de amarnos.

Porque no se puede echar de menos lo que no somos conscientes que hemos tenido y hemos perdido.

Sólo lo que se ha vivido con presencia, consciencia y entrega, acaba dejando huequitos en el alma que luego se convierten en nostalgia de tiempos mejores. Incluso, cuando sentimos ese “solo valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos”, es así porque sentimos y supimos que había formado parte de nosotres.

Pero, cómo echarnos de menos cuando nunca nos hemos habitado?

Difícil… sin embargo, lo hacemos, aunque no lo sepamos.

Cada vez que sentimos que nos falta “algo” a pesar de todo lo que tenemos y por lo que dar gracias. Cada vez que la insatisfacción aparece en nuestro día a día, hagamos o e hagamos. Cada vez que sentimos que nada nos hace vibrar como antes. Cada vez que no sabemos qué nos pasa pero una especie de tristeza se ha instalado muy adentro. Cada vez que la ansiedad nos descontrola sin que lleguemos a comprender qué la detona. Cada vez que lo de antes ya no te vale y sientes que necesitas algo que no atinas a nombrar. Cada vez que el cuerpo o la vida nos frenan de algún modo doloroso obligándonos a replantearnos y reflexionar. Cada vez que buscas y buscas sin saber muy bien qué pero parece que nada te vale…

Eso es la consecuencia de echarnos de menos.

Benditas sean esas pequeñas grandes crisis que nos zarandean hasta “obligarnos” a darnos cuenta. Porque solo a partir de reconocer que nos añoramos, podemos volver recuperarnos, habitarnos y convertirnos en el centro de nuestro pequeño universo.Necesitamos cambiar los paradigmas aprendidos e impuestos que nos dejan al margen en las ecuaciones y empezar a reconocer ese “ME ECHO DE MENOS” que, como palabras de un conjuro ancestral, provoque el regreso al hogar que nos somos y desde donde construir y sostener el resto de nuestro mundo.

Tan sencillo, o no, como volver a nosotres, reconectar, escucharnos, acogernos, sentirnos, abrazarnos, maternarnos, mimarnos, darnos el lugar que nos corresponde y tratarnos con el amor que merecemos solo por el hecho de ser y existir, para invertir la esta dinámica de autoabandono y empezar a VIVIR DE DENTRO HACIA AFUERA.

Si tú también te echas de menos y no sabes cómo recorrer el camino de vuelta a ti, no dudes en contactarnos y te acompañaremos encantadas en este viaje