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Agradecer y celebrar que… ¡sentimos!

“La apariencia de las cosas cambia de acuerdo a las emociones, y así vemos la magia y la belleza en ellas, cuando la magia y la belleza están realmente en nosotros mismos” Kahlil Gibran

Sentimos, constantemente… por suerte, porque mientras sentimos, significa que  ¡estamos vivos!

Y sí, sentimos pero no siempre nos lo permitimos, no siempre nos damos el espacio, ni el tiempo, ni la consciencia y muchas menos veces somos capaces de gestionar adaptativamente esas emociones que vibran en nuestro interior.

Desde la Inteligencia Emocional pasando por la Ecología Emocional, nos invitan a no juzgar nuestras emociones puesto que las emociones en su esencia no son buenas ni malas. Todo depende de lo que hagamos con ellas. Pero, eso seguro, cada una lleva engarzada una misión vital y si logramos mirarlas a los ojos, desintensificarlarlas para dejar que nos susurren al corazón el mensaje que se oculta tras su manifestación, si no las negamos ni las ignoramos ni seguimos caminando como si no existiesen, si las reconocemos sin miedo como savia de nuestro ser, como ese piloto que se enciende para recordarnos el camino de vuelta a nosotros, y si les damos el permiso para expresarse, podremos hacer de ellas un trampolín que nos permita saltar más allá de nuestra zona de confort.

Con cada emoción algo en nuestro interior se transforma y, de nosotros depende hacer de esa metamorfosis, por sutil o fugaz que sea, una ocasión excepcional de nutrir nuestras alas para, paso a paso, emoción tras emoción, irnos proyectarnos en una versión mejorada de nuestra esencia. Tras la integración y la superación de todo lo que vamos sintiendo, sin censuras, sin juicios, sin temores ni bloqueos, sólo dejándonos sentir en libertad, inventando modos y estrategias para gestionar de la forma más constructiva y positiva cada una de nuestras emociones, nace una oportunidad única para hacer turismo interior y transmutar todo lo que sea preciso.

Entonces llega la serenidad propia de la aceptación…

Pero… demos un paso más… ¿Y si, además de sentir y crecer a través de cada emoción, la agradecemos y la celebramos? Todo un desafío. Si bien es cierto que, en ocasiones, bastante es no perder el control y drenar de manera adecuada nuestros “sentires y estares”, ¿cómo vamos a encontrar el modo de dar las gracias y celebrar, sobre todo cuando nos causan dolor, angustia, desasosiego, ansiedad o sufrimiento?

Pues, quizás sea tan sencillo o tan complejo, como poner el foco de nuestra atención en la lección a aprender tras cada emoción sentida de forma auténtica. Porque detrás de cada aprendizaje engarzado a nuestras emociones cotidianas, siempre podemos volver a la premisa desde la que hemos partido… Si sentimos es porque ¡estamos vivos!

Así que, ¿cómo no agradecer y celebrar la vida? Imposible, porque una vida sentida y vivida es una ofrenda que merece ser honrada y venerada desde el alma… Por más obstáculos que nos encontremos en el camino, por más piedras que nos hagan tropezar, por más contratiempos que lastren nuestro vuelo, por más zarpazos que nos den, por más tormentas que amenacen con destruirlo todo, por más razones y motivos que puedan tentarnos con abandonar y darnos por vencidos (ya sea activando el piloto automático o dejando de luchar o instalándonos en la queja o adoptando la negatividad como modus vivendi…)… la mayoría de las veces, vuelve a amanecer tras cada emoción reconocida, aceptada, sentida y expresada, recordándonos el lujo que es estar vivos y haciéndonos tomar consciencia de todo y tanto que nos hace afortunados sólo por el simple hecho de existir… O, si no, haciéndonos conscientes de que, como constructores que somos de nuestras vidas, autores y protagonistas, creadores y obra a la vez, en nuestras manos está la posibilidad única, y la responsabilidad también, de hacer de nuestras vida “el mejor de nuestros sueños”, desde la acción coherente, lúcida y poderosa, bien maridada con nuestra mente y corazón vibrando sincrónicos.

Como diría Rosetta Forner, “el Universo (y la vida) es una fuente inagotable de bendiciones y regalos cuando uno sabe saborearlos, disfrutarlos y agradecerlos”… Y como faro para lograrlo, estas hermosas palabras de Jeff Foster.

RAZONES PARA CELEBRAR
Si estás confundido, celébralo. Porque en este momento, eres libre de tener que saber, estás liberado de la carga de ser un experto. No hay ningún paso que dar de la confusión hacia la claridad; claramente ves la confusión, y así es que la claridad ya está aquí.

Si dudas, celébralo. Porque te has permitido seguir siendo curioso y no te has conformado con respuestas de segunda mano, ni te has estacionado en conclusiones anquilosadas. Estás libre de tener que sentirte seguro, la más poderosa arma que utiliza el ego.

Si sientes miedo, celébralo. Te estás moviendo hacia lo desconocido, abandonando el mundo familiar, el mundo agonizante, el mundo viejo. Estás parado frente a lo nuevo. El miedo y el entusiasmo están tan cerca, aquí. La ilusoria armadura del yo separado se está desmoronando; la vida está inundándolo todo.

Si sientes ira, celébralo. Siente su furia, su poder, el grito de un velociraptor. La vida está surgiendo a través tuyo, cruda, sin filtros. Estás a punto de encontrar tu canción, luchando por una causa con pasión, poniéndote de pie en nombre de aquellos que no tienen voz.

Si te sientes perdido, celébralo. En cada gran viaje, el héroe pierde su camino a veces. ¡Piérdete, y encuéntrate a ti mismo! Encuentra la presencia, el aliento, el latir del corazón ancestral. Atrévete a dar el paso gigantesco de no saber qué paso dar; un paso perfecto. Confía en el dudar también. Y tu camino te encontrará, momento a momento.

Si sientes tristeza, celébralo. No estás adormecido. No has cerrado tu corazón a lo indeseable. Estás completamente abierto a la vida, sensible. Esta vieja amiga ha venido a ti por ayuda. Ella no es un error. Ella sólo busca un poco de la calidez de tu presencia.

Si sientes que no puedes celebrar la vida, celébralo. Estás siendo honesto, estás diciendo la verdad de este momento, tus ojos están abiertos.
Jeff Foster