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“No son superhéroes: son personas buenas, que es mucho mejor”

“No son superhéroes: son personas buenas, que es mucho mejor”, escribía hace unas semanas Elvira Sastre en https://elpais.com/espana/madrid/2020-04-09/buenas-personas.html. Y con esa sencilla y lúcida frase, puso nombre a una sensación que tengo hace mucho… incluso anterior al Covid-19.

A menudo se recurre al mito de los superpoderes para referirnos a personas que afrontan las dificultades de la vida con una capacidad de superación insólita. Pero, hacerlo puede ser arriesgado, además de una trampa para la mayoría de l@s mortales.

Por supuestísimo, que existen personas que ante la enfermedad, la adversidad, los avatares de la vida, se crecen y, con humildad y entrega, hacen lo imposible para gestionar lo que les ha tocado vivir. Y nadie duda de que esas personas poseen capacidades increíbles… entereza, sabiduría, determinación, entrega, confianza, valor, fortaleza interior, constancia, instinto de reinvención, pasión por la vida. Pero todas esas capacidades son HUMANAS. Y, como capacidades que son, están al alcance de tod@s, si las cultivamos y las potenciamos.

Todas esas personas que se nos antojan superhéroes o superheroínas son lo que son, precisamente, porque son seres humanos. Seres humanos que deciden vivir, o sencillamente lo hacen sin más, potenciando todas esas capacidades, dones, habilidades y recursos personales para ofrecer lo mejor de sí, aceptando, integrando y gestionando adaptativamente todo lo que también ocurre en su interior y que no vemos o ignoramos cuando pensamos en los superpoderes.

Humanizar a todas esas personas que se merecen todo nuestro respeto y cada uno de nuestros aplausos diarios (y no sólo en estos días de confinamiento), es un acto de responsabilidad. Porque creerles superhéroes o superheroínas es, paradójicamente, despojarles de todo su poder. Atribuir su naturaleza resiliente a un don suprahumano es quitarle mérito a su verdadera esencia. No son como son porque algo mágico les hace ser extraordinari@s. Su excepcionalidad es fruto de su voluntad. Su poder es responsabilizarse y hacerse cargo de sus vidas, de sus profesiones, de sus pasiones, de todo y cuanto les toca vivir y enfrentarlo como buenamente pueden.

Y digo buenamente a propósito. Porque, como dice Elvira Sastre, son buenas personas. Entre otras muchas cosas… La bondad, consciente o inconscientemente, nutre sus acciones, sus decisiones, sus gestos, sus pasos. Es la savia que los caracteriza y desde la que dan sentido a su manera de ser y estar en este mundo. Y lo hacen de un modo tan natural, les nace tan de adentro, que eso es lo que les convierte en excepcionales.

Son todo lo que son, precisamente, porque son seres extradordinari@s con unas cualidades humanas maravillosas capaces de hacernos sentir que todo lo que hacen pertenece a otro mundo inalcanzable para el resto.

Esa es la trampa. La de caer en la comparativa que nos deja indefens@s ante la vida. La de creer que para hacer lo que esas personas hacen, tenemos que tener superpoderes. La de empequeñecernos por creer que nuestra humanidad nos hace vulnerables y nos expone. La de sentir que no podemos estar a la altura y que eso nos empuje a la inacción.

Y no se trata de quitarle mérito a todas esas personas buenas capaces de hacer magia en su cotidianeidad y desde su humanidad. ¡Al contrario!. Valorarlos como se merecen es comprender que son como son porque eligen serlo, vistiéndose de valores como la solidaridad, la generosidad, la comprensión, empatía, la ternura, el amor. Ese es su traje superpoderoso. Apostar por la VIDA, hacer de su pasión profesión, o viceversa, optar por seguir aunque no sepan muy bien cómo, hacer lo que mejor saben hacer al servicio de la comunidad.

Si pudieseis hablar, desde el corazón, con cualquiera de esas personas que a día de hoy admiráis como si no fuesen de este mundo, descubriríais lo human@s que pueden llegar a ser y que esa humanidad bondadosa es precisamente su mayor superpoder. Así, podrás aceptar que ese superpoder también está a tu alcance, aunque no salve vidas, aunque no sostenga el mundo entre sus manos, aunque no haga ruido ni sea tan visible. Porque, estoy convencida, que tod@s y cada un@ de los que estáis leyendo estas palabras, también sois personas buenas y que estáis haciendo mucho bien a pequeña o gran escala en vuestra vidas.

Así que hoy, el aplauso de las 20h dedicároslo con mucho amor también a vosotr@s. ¡Bravo!