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Mujeres conscientes, mujeres valientes…

Hemos dejado pasar los días para integrar todo y cuanto sucedió en el seminario de “Presencia, consciencia y sexualidad femenina”. Fue una experiencia maravillosa, intensa y reveladora. Reunir a tantas mujeres valientes y dispuestas a abrirse a nuestras propuestas con confianza, entregadas a la aventura de reconectar con el cuerpo y con nuestra capacidad infinita de sentir, fue un regalo hermoso.

Crear tribu ya no sólo es la excusa para engendrar espacios compartidos. ¡Ya es una realidad! Y la respuesta está siendo tan enriquecedora que nos fuimos con ganas de más.

El seminario fue un verdadero viaje en el que recorrimos senderos de palabras, de versos, de proyecciones y visualizaciones. Descubrimos paisajes nuevos al explorar la sexualidad femenina, rompiendo tabúes y estereotipos, cambiando nuestra mirada para transformar el camino. Paseamos por nuestros cuerpos con consciencia, respeto, mimo y veneración, escuchando tanto que tenían que contarnos. Usamos las manos para escribir, para acariciar, para dibujar, para tocar, para trenzarnos en círculo y mirarnos a los ojos para expresar lo inexpresable. Nos dejamos acariciar por la voz… la voz en verso de Carine, la voz de cada una que nos mostró un pedacito de su ser, la voz de Bea despeinando las creencias e invitándonos a transitar por territorios inexplorados. Bailamos mecidas por Rosana, movilizando nuestra cintura pélvica, activando nuestros centros energéticos y dejándonos volar, cada una por su cielo particular. También nos reímos y descubrimos el poder del humor para naturalizar y normalizar tanto que nos cuesta. Convocamos el silencio y lo abrazamos serenas y respetuosas mientras, adentro, un torbellino nos invitaba a evolucionar, un silencio reverencial pero cálido y acogedor, un silencio de esos en los que te quedarías a vivir. Y lloramos… de alegría, de emoción, por la lucidez de darnos cuenta y sentir, por la removida interior, al escuchar a nuestros cuerpos, por permitirnos conectar y reconectar con nuestra sexualidad dormida, por la gratitud, por resonancia con las lágrimas de aquellas nuevas hermanas y compañeras (aunque sólo fuese durante una mañana de nuestra vida). ¡Bienvenidas fueron todas la emociones que fueron apareciendo y a las que fuimos acogiendo y dando espacio!

Compartir fue la melodía, desde el respeto más absoluto. Entre todas creamos un espacio protegido y sagrado en el que pudimos ser desde la autenticidad, libres de juicios y con la empatía y la comprensión como aliadas. Elevamos nuestra vibración por el simple hecho de reactivar nuestra energía sexual. Escuchamos nuestra voz interior y la sabiduría, que siempre nos habita, nos recordó que todo y cuanto aprendimos ese día ya lo sabíamos.

Esas mujeres conscientes y valientes, que llegaron sigilosas pero abiertas a vivir, a sentir, a descubrir, marcharon con el rostro iluminado (¡qué alquimia más bella sucedió que hizo que a todas nos cambiara el rostro!), con la sonrisa prendida, con el cuerpo liviano, con el tsunami emocional que da la certeza de estar en el camino, con las ganas de seguir explorando, creciendo, amándonos. Verlas marchar así, fue un cierre precioso, de esos que justifican y dan sentido.

Antes de empezar el seminario la gratitud lo impregnaba todo en nosotras. Al acabar la alegría, el gozo, el disfrute, el placer nos reafirmaba en la bendición que esa tribu de mujeres iba a ser. Y la gratitud se multiplicaba… ¡Qué fortuna la nuestra por ser parte de un proyecto tan magnífico! ¡Qué suerte la nuestra por haber coincidido en espacio y tiempo con esas almas poderosas, valientes, generosas, conscientes, amorosas y bellas!

Gracias, gracias, gracias…