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“Jordiada confinada… Reescribiendo la leyenda.”

La fuerza de las tradiciones y de la cultura no conoce de pandemias, ni de estados de alarma, ni de confinamientos… Por eso, este Sant Jordi ha llegado con más fuerza que nunca. Porque nos nace de las entrañas, desde el alma y desde el corazón de nuestras casas, para propulsarse hasta todas las personas que amamos más allá de las distancias.

Una de los tesoros que nos traen los tiempos difíciles es el crecimiento exponencial de la creatividad como estrategia de supervivencia. Y, así, con la creatividad en estallido, vamos a inundar este precioso día de mil imágenes de las que hacen sonreír, de bandadas de palabras de amor, de rosas de las que no mueren, de libros que nos hacen volar y viajar y sentirnos libres más allá de puertas y ventanas…

Y, desde ittara, no podíamos dejar de regalaros una de nuestra reflexiones confinadas para sembrar nuevas semillas de luz. Así que hemos rescatado algo que escribimos hace ya algunos años. Entonces, movidas por el impulso de reescribir la leyenda para reconciliarnos con nuestros dragones, nació este texto que hoy recuperamos… Con estas palabras, que esperamos como siempre que os despeinen un poquito la consciencia y os nutran, os queremos desear una ¡Feliz Jordiada!.

Los dragones existen, ¡claro que existen!… pero dentro de nosotros.
Esos dragones son nuestros MIEDOS… 
Los que aparecen amenazando nuestra calma, paralizándonos, empequeñeciéndonos, neutralizándonos. Los que alimentamos, para evitar que nos devoren, dándoles de comer nuestros sueños, ilusiones, deseos y propósitos… Pero así sólo acabaremos muertos, y no entre sus fauces, si no porque nos habremos vaciado de sentido, de nuestra esencia, de lo que sustenta la vida…

Entonces, cuando esconderse ya no es una opción porque ¡malditos dragones, siempre acaban por encontrarnos!, decidimos matarlos creyendo que así acabaremos con ellos. Y, así, empezamos una guerra de la que nunca saldremos ilesos y que nos consumirá hasta la rendición. 
Eso, cuando no optamos por ceder por completo nuestro poder, delegando toda responsabilidad, mientras esperamos a que aparezca el valeroso caballero o la intrépida guerrera que nos rescate de tan aciago destino.
Pero NADIE PUEDE RESCATARNOS DE NOSOTROS MISMOS.
Porque somos el DRAGÓN…

Pero, a la vez, también somos la PRINCESA y ese SANT JORDI que nos salva…

Y necesitamos mantener a los tres con vida, porque en su sinergia habita nuestro poder interior, nuestra verdadera esencia, nuestro yo más auténtico. 
Su unión a lo mosqueteros de los de “uno para todos y todos para uno”, si apostamos por su faceta positiva y luminosa pero aceptando también sus sombras, es la magia invencible que nos permite existir, y vibrar, y sentir, y ser, y evolucionar y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos a cada paso.

Quizás si giramos, traviesos, el caleidoscopio de nuestro corazón logremos transmutar los roles y apostar el todo por el todo, all in por ese final feliz que tanto merecemos y a partir del cual todo lo demás deviene posible, probable, factible y hasta sencillo.

Así que, después de esta nueva Jordiada… ¿aceptáis el desafío de subiros a vuestro dragón interior, junto a vuestra princesa y vuestro San Jordi para reescribir la leyenda y permitiros, al fin, volar sin temor “hasta el infinito y más allá”? 

Ojalá que sí… ¡Allí os esperamos!