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Hojas secas, el ayer abonando el mañana.

Caminar por el bosque en otoño se vuelve un festival para los sentidos, donde una belleza única trenzada al precioso arte del soltar, nos abraza a cada paso.
Y caminar sobre el suelo repleto de un manto precioso de hojas secas, aún radiantes con sus mil formas y colores, nos recuerda y nos reconecta con lo efímero de la vida. La fugacidad de lo bello, que deja estelas de luz para que no olvidemos el milagro de haberlo vivido. Esas hojas que hacen crujir cada uno de nuestros pasos, nos susurran millones de historias…

Cada hoja habla de felicidad para mí, agitando los árboles de otoño.
Emily Bronte

Ver caer las hojas de los árboles, bailando al viento melodías de gratitud por haber existido, es uno de los espectáculos más hermosos e hipnóticos. Porque parecen dejarse mecer y nos susurran semillas de renaceres, de hoy que será ayer para poder crear mañana. Siéntate con veneración y calma, en silencio, y mira las hojas caer… Siente el otoño en todo su esplendor, con su invitación a desprendernos para caminar ligerxs de equipaje. Vaciar para poder llenar. Crear el espacio imprescindible para acoger los brotes nuevos. Y para ello, mientras bailas con cada hoja que se entrega al vacío, entra con ternura y respeto en un tiempo de introspección imprescindible para avivar la consciencia.

“Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta”. Carl Gustav Jung

Vuelve la mirada hacia adentro, reconecta con tu intuición vibrante, escucha los ritmos de la naturaleza para sincronizarte, convocar amaneceres de lucidez y discernimiento… Es el morir que antecede al despertar de la vida.
Si el otoño es tiempo de sabiduría y madurez, de reflexión y de contemplar y honrar la belleza de despojarnos de lo que ya no nos es necesario… caminar entre las hojas secas de lo que fuimos y desnudarnos hasta sólo SER… para engendrar vida nueva. Porque en el suelo, esas hojas no sólo nutrirán nuestros paseos otoñales, si no que se nos ofrecerán generosas para jugar con ellas como cuando nada más importaba que dejarse llevar por la magia ingenua del instante. Porque esas hojas “muertas” serán hogar para otras miles de vidas hasta que el invierno las vaya convirtiendo en el abono que hará posible la primavera.
¡Todo es cíclico… maravillosamente cíclico! Y, mientras seguimos caminando a presencia plena, damos gracias por la consciencia que une nuestra esencia con ese TODO circular…

Al final, en palabras de Albert Camus, “el otoño es una segunda primavera, donde cada hoja es una flor”. Y así en un ciclo vital infinito…