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Día Mundial de la Poesía

Hoy es Día Mundial de la Poesía.

Y hoy, más necesaria que nunca, tan esencial como siempre, se abre ante nuestros corazones como una excusa para sentir y sentirnos, como un espejo en que encontrarnos y abrazarnos al reconocernos.

Porque la poesía siempre es columpio, abrigo, océano, jaima, trinchera, amanecer, aire, caricia y abrazo en los que acurrucarse con ansias de eternidad. Juega traviesa con nosotr@s a laberintos, caleidoscopios, test de Rorscharch y bolas de cristal.
Como, en Poeta de Guardia de nuestra querida Gloria Fuertes, siempre es bálsamo, antídoto, hechizo y alquimia dispuesta a salvarnos, a rescatarnos, a sanarnos.
Siempre nos aguarda fiel, silente, discreta, rondándonos de puntillas, hasta que nos sumergimos en ella a alma desnuda y sin remisión. Entonces deviene sentido, estrella polar y mapa del tesoro…
Nos despeina, nos pellizca, nos muerde, nos araña, nos zarandea o nos arrulla, nos canta, nos envuelve en espiral y nos estrecha entre sus versos haciéndonos estremecer… Sea como sea, si te entregas a ella, nos despierta al sentir, al fluir, al ser desde las profundidades, desde las entrañas, hasta que nos teje alas y nos invita a romper la crisálida y volar.
Porque la poesía está en todo y en tod@s, y porque la vida se transmuta en sentida y vivida cuando se recita en verso, como se baila, como se respira…

Brindemos, hoy y siempre, para que la poesía encuentre huequito en nuestro andar, aprendiendo a descifrarla en nuestra cotidianidad, mientras juega al escondite, agazapada en cada esquirla de belleza contenida o huracanada, en cada instante de felicidad, en cada momento de esos que justifican una vida entera…

Y, no podemos despedirnos sin regalaros un poema… En esta ocasión de Gioconda Belli, para meceros en sus palabras hasta que se os enciendan los ojos y el corazón de luciérnagas.

¡Feliz vida de repleta de poesía!

ESTOY VIVA COMO FRUTA MADURA…

Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,
abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres,
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.
Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el colegio.

Sí.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta,
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.

Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.

Gioconda Belli