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Desafío para darnos cuenta

Te propongo un pequeño desafío…

Si te apetece, puedes hacerlo mentalmente, pero puede ser mucho más revelador si coges papel y lápiz y vas apuntando conforme vamos avanzando.

Para empezar, piensa o escribe aquellas cosas que más echas de menos en estos momentos de confinamiento. Enumera las que te sean más importantes. Y hazlo con detalle. Si echas de menos ver a alguien, especifica a quién y qué echas de menos hacer con esa persona o qué harías si pudieses verla ahora. Si añoras poder salir, concreta salir a dónde y para hacer qué. Cuanto más pormenorizada sea tu descripción, mucho mejor.

A continuación, piensa… ¿son cosas que ya hacías antes de este estado de alarma que nos tiene “encerrados” en casa?. ¿Cuántas veces las hacías dentro de tu cotidianeidad: una vez al día, una vez a la semana, una vez al mes…?. ¿O eran sólo propósitos nuestra lista de cosas pendientes? ¿Cuando las hacías eras consciente de la importancia que hoy tienen para ti?. ¿La disfrutabas como te las disfrutarías hoy si te dejasen libertad absoluta para poder hacerlas?. Déjate sentir intensamente cada respuesta. No juzgues. Sólo deja que la información fluya. No hay respuestas correctas ni incorrectas. Todo está bien…

Desvariar sobre estas cuestiones te puede ayudar a redimensionar el valor que realmente tiene lo que hoy no puedes hacer. Porque ya sabes, a veces tenemos que perder para aprender a valorar. O, quizás no, quizás ya eres de esos seres sabios que viven acordes a sus deseos, procurándose hacer lo que quieren hacer y responsabilizándose de no aceptar hacer aquello que no desean. Sólo tú puedes saber exactamente que significaban esas cosas de tu lista antes de esta nueva realidad. Y, sea como sea, darte cuenta de si tu estimación era o no coherente con lo que sientes que es esencial en tu vida para ti, es un tesoro. Lucidez en tiempos de incertidumbre.

Se trata de hacer este balance, sin más afán que el de “despertar” a la consciencia para poder ser consecuente. Pero no para hacer otra lista más de buenos propósitos (como los de año nuevo) que cumplir al salir de el confinamiento. No. La única misión de este desafío es descubrir qué nos importa y, lo que es más interesante aún, las razón por la que nos es tan significativo en estos momentos.

Para ello, podría ser estimulante, retomar esa lista y explorar qué te hace sentir cada una de esas acciones que echas de menos. ¿Qué emociones se mueven al pensar en hacerlas?. ¿Cómo te sentías cuando las podías hacer?. ¿Cómo te sentirás cuando puedas volver a vivirlas?. ¿Echas de menos hacerlas sin más o sentirte como te sientes cuando las haces?. Porque, si lo que echas de menos es sentir lo que sentías al hacerlas o al imaginarte haciéndolas, tal vez puedas recurrir a tu creatividad para buscar “sucedáneos confinados” que te ayuden a evocar y provocar sentirte así, con los que trampear lo que nos queda. Ya sé, ya sé que no es lo mismo, pero procurarnos estímulos que nutran ese “hambre” emocional, puede ser sanador.

Por otro lado, si lo que hace relevante cada una de esas cosas es hacerlas en sí mismas, con todo lujo de detalles, disfrutándolas con presencia plena, agradeciéndolas cuando suceden en nuestros días, podríamos incorporarlas en nuestro manual de vida para después de este destierro. Pero un manual realista, humano, sensato… asequible. Apuntes para la vida cotidiana. Sin ansias de transformarnos por completo. La metamorfosis suele ser un proceso natural, casi involuntario. Sin querer, nos vemos rompiendo la crisálida porque la vida apremia. Pero el gusano no se transforma con la impaciencia de llegar a ser lo que puede llegar a ser. Sencillamente es. Aceptando cada fase y tratando de sobrevivir a ella de la mejor de las maneras.

Si, en este regalo en forma de tiempo, has podido gestionar adaptativamente tus emociones, tus preocupaciones, cada avatar, si has podido invertir en crecer y evolucionar, en aprender, en hacer todo lo que os hace sentir bien, en cuidaros de forma consciente, en compartir, en re-descubriros, en tomar consciencia y extraer aprendizajes… ¡Fenomenal!.

Pero si, por el contrario, estás en modo supervivencia puro y duro, si apenas puedes ir surfeando el oleaje y estás en modo “bajo consumo” para poder sostenerte mientras transitas este desierto repleto de secuestros emocionales… ¡También es perfecto y correcto!.

Que la comparativa social que nos tienta con el laberinto de espejos que son las redes sociales y sus ilusiones, o que el contraste de tu día a día con el de todas aquellas personas que parecen que están invirtiendo su tiempo en mil actividades provechosas no te empeñezca lo más mínimo. La resiliencia es un caleidoscopio que cambia a cada ser y a cada momento. Y las estrategias que nos permiten superar cada obstáculo del camino son un universo de posibilidades infinitas en constante transformación. De hecho, muchas veces ni siquiera sabemos cómo lo llegamos a hacer, pero lo hacemos. Así que, de nuevo, confía y sigue haciendo… ¡Todo está bien! Y si no te hace sentir bien, ¡busca alternativas!.

Pero volvamos a nuestro desafío… Tienes tu lista de cosas que harías si pudieras, ya sabes qué valor les dabas antes de este receso forzoso, conoces o intuyes el porqué y para qué las quieres hacer o volver a hacer… Ya has pensado en cómo acercarte lo más posible a situaciones similares a las que tanto añoras y has recuperado la fuerza infinita de tu creatividad como bote salvavidas. Las has incorporado a tu sumario de pequeños grandes gestos que dan sentido a tu vida y te has propuesto no volver a olvidarte de su valor, te has comprometido a seguir dándoles un espacio protegido en tus días o has asumido la responsabilidad de vivirlas a sabiendas del lujo que supone hacerlo (después de recuperarlas tras haberlas perdido). Ahora sólo déjate sentir. Son semillas que irán brotando libremente cuando sea su momento.

MIENTRAS, hagas lo que hagas durante este confinamiento, sólo tienes una “obligación” ineludible… ¡Cuidarte! Como puedas, como sientas, como elijas, como sea… pero ¡cuídate!. Es la única forma de seguir VIVIENDO, así, en gerundio.