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Claves para una buena comunicación

Cuando se trata de mejorar la calidad de nuestras relaciones interpersonales, no hay mejor camino que invertir en mejorar nuestra comunicación. 

Pero, a menudo, olvidamos una de las premisas de la Inteligencia Emocional es trabajar a nivel interpersonal todas aquellas habilidades que después serán la base de nuestras interacciones personales , familiares y sociales.

Y, aunque hemos escogido este fragmento del “Cuaderno de vitácora” de Ferran Ramón-Cortés como reflexión para potenciar una comunicación mucho más efectiva, empática, asertiva, amorosa y enriquecedora, todo lo propuesto sería directamente aplicable a nuestra manera de tratarnos y hablarnos a nosotres mismes.

¿Te animas a empezar a comunicarte contigo y con tus personas importantes a partir de estas habilidades?

Éstas son las cinco habilidades que a mí me han llevado a una nueva manera de comunicarme con la gente y a dar un giro de 180 grados a mis relaciones, tanto en mi trabajo como en mi vida personal.

•    ENCONTRAR TIEMPO
Comunicar requiere dedicarle tiempo, todo el tiempo necesario. Éste sólo lo encontramos cuando hacemos de la comunicación una verdadera prioridad, que pasa delante de cualquier otra actividad u obligación.
Busca en tu vida tiempo para la comunicación, para hablar de las cosas en el momento en que se han de hablar. Sin interrupciones, sin compromisos, sin excusas. Hay que ser capaz de posponer lo que sea si una conversación requiere más tiempo y tener auténtica voluntad de comunicarse.

•    ESCUCHAR CON ATENCIÓN
Toda comunicación comienza escuchando. Escuchar para descubrir, para aprender, para conocer. Para entender el punto de vista del otro. Escuchar con toda nuestra atención. A menudo no escuchamos porque nos parece que no nos interesa lo que los otros nos pueden decir, o porque nos sentimos amenazados por lo que podríamos oír si les escucháramos.
Cuando inicies la comunicación con alguien, escucha con los cinco sentidos. Lo que el otro te dice, y también lo que no te dice pero que tú puedes descubrir por el tono de su voz o por su mirada. Escucha para saber de verdad qué es lo que el otro te quiere decir, y entonces, sólo entonces, es el momento de hablar.

•    ESTAR EN CONTACTO CON LOS SENTIMIENTOS
Con tus propios sentimientos y con los del otro. Si no eres consciente de lo que pasa dentro de ti, tus emociones te pueden jugar una mala pasada, gobernar tu comportamiento y hacerte ser como no quieres ser. Sentimos lo que sentimos, y así tiene que ser; lo que no podemos hacer, sin embargo, es ignorarlo.
También es importante ser capaz de captar los sentimientos del otro, ponerse en su piel, sentir (no sólo entender) lo que siente para conectar con él, saber cómo actuar y poderle ayudar.
Mantente siempre en contacto con tus sentimientos. No comuniques si notas que algún sentimiento te invade, te domina y te puede hacer perder el control. Y trata de captar los sentimientos del otro. No hagas caso exclusivo de sus palabras, de lo que te dice; ten muy presente el sentimiento que se oculta detrás de ellas. Ponte en su piel y trata de sentir como él se siente.

•    ACEPTAR SIN JUZGAR
Aceptarnos nos acerca. Juzgarnos nos aleja. La comunicación necesita la plena aceptación del otro, tal como es y en el momento personal en el que se encuentra. Aceptar no significa estar de acuerdo, pero sí querer ver al otro tal como es, no como nos gustaría que fuera.
Abre los ojos bien abiertos a la persona que tienes delante cuando te comunicas, para verla y aceptarla tal como es. No pienses si te gusta o no te gusta. No pienses si tú harías o no harías lo mismo. Evita los juicios y las críticas, que son uno de los mayores obstáculos para la comunicación.

•    ACOMPAÑAR
Acompañar en la comunicación significa avanzar junto al otro, a su lado, avanzando a su ritmo y dejando que llegue por él mismo a sus propias soluciones. No des consejos, ni vayas demasiado rápido, ni lleves una conversación más lejos de los que el otro puede aguantar. Deja que el otro descubra las cosas por sí mismo. El descubrimiento tendrá mucho más valor. No hagas seguir a los otros unos caminos que no son los suyos. Tus soluciones han sido buenas para ti, pero no tienen por qué serlo necesariamente para los otros.

Ésta es la travesía de la comunicación. Una travesía que hemos de hacer teniendo bien presente cuál es el destino final, el puerto de llegada: que la comunicación nos ayude a crecer como personas y que, cuando comuniquemos, sea para amar.

Ferran Ramon-Cortés “Cuaderno de bitácora”