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Bienvenida tristeza

«La tristeza es una de las vibraciones que prueban que estamos vivos»

Antoine de Saint-Exupéry

Son tiempos complicados… y la tristeza los sobrevuela. Y ¡está bien que así sea!. Es más, tenemos derecho a estar tristes… porque nos recuerda que estamos viv@s.

Luchar contra ella, tratar de darle esquinazo, hacer como que no existe, disfrazarla consciente o inconscientemente de otras emociones, no va a hacer que desaparezca. Peor aún, irá creciendo y creciendo, fortaleciéndose sin que nos demos cuenta hasta que se desborde. Porque la tristeza es como el agua, siempre encuentra el camino para emerger.

Por eso es importante darle espacio, identificarla, reconocerla y legitimarla. Encontrar el modo de expresarla de manera adaptativa, será la fórmula magistral que nos ayude a integrarla y, con ella, la información que la nutre. Además, ella nos lo suele poner fácil en su expresión… Sólo hay que dejar que las lágrimas cumplan con su misión… y llorar.

Llorar de manera suave, serena y consciente, sintiendo que a cada lágrima vamos drenando un poco lo que nos atenaza el corazón. Llorar, dejando que salga lo que nos abruma y oscurece, para dolernos lo que sea preciso, para limpiar, para sanar, para soltar.

«Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar»

Khalil Gibran

Decían nuestras madres y abuelas que “si escuece, cura”. Y ese es el poder del llanto. Nos recuerdan el dolor, la desesperanza, la rabia, el desasosiego, la angustia, el miedo, la ansiedad, la soledad… Pero, precisamente, al darnos el permiso para sentir cada emoción, ya empiezan a sanar.

Pero, recuerda, sin juzgar. No hay nada malo en sentir. Y en estos días de confinamiento no sólo tenemos derecho a estar tristes sin más, si no que tenemos motivos como para estarlo… Cada persona los suyos. Todos igualmente válidos. Porque lo que nos hace entristecer es subjetivo, íntimo e incomparable.

Nada de “hay quién está mucho peor, “tienes suerte de que tu familia esté bien”, “tienes que ser fuerte”, “al menos estás san@”, “piensa en tod@s los que tienen verdaderas razones para sufrir”, “estar triste es una elección”, “pues imagínate si estuvieses en el hospital”, “pero si somos afortunad@s“, “con la de gente que te quiere”… Y no quiere decir que esas frases no sean ciertas y que puedan ser anclas o salvavidas, pero cuando alguien está triste lo que necesita es espacio para desahogarse y que, quién esté cerca, acoja esa tristeza como un acto valiente y digno de ser honrado con respeto y amor.

Claro que siempre hay razones para compensar la tristeza, pero antes de ir en su busca y abanderarlas, la tristeza necesita consuelo, no que la nieguen, la cuestionen, la neutralicen ni la censuren.

Es cierto que no nos han educado para saber acompañar la tristeza, ni propia ni ajena. De hecho, la tenemos tan negativizada que nos empeñamos en hacerla desaparecer a toda costa. Y “no llores” es la frase estrella para reprimirla. Pero, si hay algo efectivo que podemos hacer ante alguien triste, es dejarle llorar. Sí, ante la tristeza a menudo no sabemos qué hacer, incomoda, nos hace sentir impotentes, nos bloquea, nos asusta, no sabemos qué hacer ni qué decir. Por eso, es mejor sólo estar y crear el espacio para que esa tristeza se exprese libremente.

Y, cuidado, aún más todavía con el “todo irá bien”. Sí, es esperanza, tan necesaria como el aire que respiramos. Es la luz al final del túnel que impulsa, motiva y da fuerza. Pero por muy cierto que sea y todo acabe yendo bien, mientras, ahora, hoy, en este momento, estamos dentro del túnel. Y, ahí, nada es fácil. Por más recursos que nos den, por más consejos que leamos, por más recomendaciones que nos lleguen incluso por más preparad@s que estemos y por más que nos esforcemos. Bastante tenemos con sobrevivir.

Así que si estás triste, no pasa nada. ¡Acéptalo!. Y acoge la tristeza, escúchala, consuélala, abrázala. Pero, eso sí, recuerda el proverbio chino que dice, “no puedes evitar que las aves de la tristeza pasen por encima de tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu cabello”. Busca como dar la bienvenida a la tristeza sin quedarte atrapad@ en ella.

Siente, explora, expresa, comparte, libera… pero acota. Ponle límites. Decide consciente y sabiamente cómo hacer para encontrar el equilibrio entre estar triste y que la tristeza se apodere de ti. Normalmente basta con darte permiso para estar triste, para llorar, para sentir, para tratar de comprender qué esconde esta tristeza y, desde ahí, transmutar esa tristeza en savia nueva para encontrar nuevas estrategias de enfrentamiento y superación. Porque la tristeza es imprescindible…

«Existen tantas noches como días, y cada una dura lo mismo que el día que viene después. Hasta la vida más feliz no se puede medir sin unos momentos de oscuridad, y la palabra feliz perdería todo sentido si no estuviese equilibrado por la tristeza»

C.G. Jung