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ANTES DE FIN DE AÑO…

Sugerencia…

Las noches que son una oportunidad para empezar… ¡mejor empezarlas mimándonos! Así, aprovecha la excusa de este fin de año para regalarte un noche de amor… (aunque, ojalá no te hicieran falta excusas…).

Prepara consciencia tu baño. Ritualiza el momento. Crea el ambiente preciso, pensando sólo en ti. Nutre tus sentidos para recordar el camino de vuelta al placer. Velas como única iluminación, incienso suave aromatizando el aire, música de la que te hacer danzar el corazón, temperatura cálida de la que abraza, salpica tu jabón con algún aceite esencial de los que te hacen vibrar… y olvídate de todo. ¡Ábrete al regalo de dedicarte sólo a ti!

Entra en ese espacio sagrado con veneración, sabiendo que saldrás de él transformada. Presta un instante de atención a tus pensamientos, enrédalos a tu ropa para desprenderte de ellos al desnudarte. Sólo siente… Nota el roce en tu piel al deshacerte de cada prenda, deslízala suave y muy lento, como si con cada una fueses arrastrando por completo tanto acumulado y que ya no quieres ni necesitas.

Desnuda, contémplate con ojos nuevos, libres de juicio, con la mirada encendida de amor y respeto. Usa tus manos para recorrerte como si fuera la primera vez y te redescubrieses. Lee con dulzura cada milímetro de tu cuerpo como el mapa de vida que es. Agradécele ser el templo en el que habitas y que te permite ser, hacer, sentir…  ¡siéntete preciosa!

Entra en la ducha dispuesta a dejar que el agua se lleve todo lo que te impide vivir como quisieras, todo lo que lastra tu vuelo, todo lo que enturbia tu risa y tu sonrisa… Siente el agua cayendo, recorriéndote, deslizándose desde ti hasta la espiral que gira alrededor del sumidero. Y despídete notando como se instala en ti una nueva ligereza.

Una vez libre, dedícate sin prisa y con toda la ternura del mundo, de caricia en caricia, una buena sesión de mimos y cuidados de esos para los que nunca tenemos tiempo. Aceites, cremitas, perfumes… unge tu piel, hónrate. Entretente a cada paso, emborrachándote de todas las sensaciones que se vayan despertando. Acógelas y date permiso para sentir! ¡Deja que tu cuerpo se estremezca de placer! Un ratito de presencia y consciencia para hacerte el amor. Gozándote. Dándole gracias a la vida por todo y tanto que te hace única, por dentro y por fuera.

Hoy, no hay más destino que tú. Porque eres digna y merecedora. Porque eres el amor de tu vida. Conecta con el poder infinito que late en tu vientre y resuena por todo tu ser. Concédete el don de florecer libre. Permítete, al fin, brillar con toda intensidad, desde tu autenticidad, desde tu esencia. ¡Eres una diosa encarnada!

Y, ahora sí, desde ahí, ¡a por el nuevo año!