Blog

Teoría de los cerillos o nuestros detonadores para poder vivir…

Nos cuentan que hoy es el “blue monday”, el día más triste del año según una fórmula matemática… Verdad o no, la tristeza, como todas las emociones, también necesita de sus tiempos y espacios para ser gestionada adaptativamente, pero nos resistimos a sentirla bajo patrones impuestos. Por eso nos ha hecho reflexionar a modo de desafío…

Nos propusimos descorchar el 2015 con el deseo de que la magia de ser, de sentir, de fluir y de amar fuese el leitmotiv de nuestras vidas. Después, con la ilusión de la noche de reyes incendiándonos miradas y sonrisas, en primera persona o por reflejo de la luz en nuestros más pequeños, un rumor de deseos y alas nos recordó que somos capaces de todo lo que nos propongamos, que no hay más varita mágica que el “el creer es poder” aunando confianza, decisión, voluntad, coraje y la poderosa triada: mente, corazón y acción, para lograr hacer de nuestras vidas el mejor de nuestros sueños… Quizás ahí encontremos el conjuro preciso para combatir todos los “blue days” y su “aliento gélido”… Quizás no haya más hechizo que elegir conscientemente el color con el que queremos impregnar nuestro día…

Pero, para ello, todos, sin excepción, debemos descubrir cuáles son nuestros “detonadores para vivir”, cuál ese “oxígeno” único que enciende nuestra alma y nos hacer ser en plenitud… Y, desde ahí, inevitablemente aterrizamos en la “teoría de los cerillos” que, cual transmisión chamánica, Laura Esquivel nos regaló con su “Como agua para chocolate”.

Con ella os dejamos, incluyendo el fragmento adaptado de la película, para impulsaros a encontrar vuestra “chispa adecuada”, esa que prenda la luz en cada rinconcito de vuestra alma hasta hacerla brillar incandescente con todo su esplendor… Pero, recordad, siempre tratando de encender una a una nuestras cerillas, disfrutando con presencia y consciencia de cada detonación, saboreando cada pequeño milagro asociado a cada fósforo, cada intensa emoción, sin más intención que la de ser, fluir, sentir, amar… y ¡sin dejar de dar gracias!

“… mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior, no las podemos encender solos, necesitamos oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso, el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender una de las cerillas. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión que haga reavivarlo.
Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse una de ellas es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.
– Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo. -¡Qué ciertas eran estas palabras! Si alguien lo sabía era ella.
Desgraciadamente, tenía que reconocer que sus cerillas estaban llenos de moho y humedad. Nadie podría volver a encender una sola. Lo más lamentable era que ella sí conocía cuáles eran sus detonadores, pero cada vez que había logrado encender un fósforo de los habían apagado inexorablemente. John, como leyéndole el pensamiento, comentó:
-Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso, con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo.-
Tomando una mano de Tita entre las suyas, fácil añadió:
– Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillas húmeda, pero puede estar segura de que tiene remedio.
Tita dejó que unas lágrimas se deslizaran por su rostro. Con dulzura John se las secó con su pañuelo.
– Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo las cerillas una a una. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todas de un solo golpe, producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte…
Desde que mi abuela murió he tratado de demostrar científicamente esta teoría. Tal vez algún día lo logre…”

Laura Esquivel “Como agua para chocolate”