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Porque lo bueno no se acaba con las vacaciones…

sonrisaSí, inevitablemente, asociamos el fin de las vacaciones y la vuelta al trabajo con ese famoso síndrome postvacacional al que parece que nos vemos abocados sin remisión. Y, con él, un sinfín de palabras y emociones invaden nuestra sonrisa y lastran nuestras alas: obligación, desmotivación, estrés, aburrimiento, desánimo… y esa sensación de estar atrapados en rutinas que nos arrastran sin darnos cuenta. Como si, al acabar el tiempo estival finiquitásemos nuestra libertad, nuestra alegría, nuestra ilusión y entusiasmo y nos subiésemos a la cinta transportadora de una vida que nos trae y nos lleva alejándonos de la realización y de la felicidad…

Pero, independientemente del hecho de ir o no a trabajar, nuestra cotidianeidad puede seguir siendo tiempo de gozo y disfrute. Sólo tienes que elegir seguir apostando por una lectura positiva de la realidad, por más que las inercias de la negatividad nos tienten con sus cantos de sirenas. Por todos es sabido que, cuando no podemos cambiar lo que nos sucede, sí podemos elegir cambiar nuestro modo de enfrentarlo. Y he ahí la clave… La gestión adaptativa y positiva de nuestra rutina diaria es el hechizo imprescindible para que el espíritu de las vacaciones no nos abandone.

¿Cómo? Tan sencillo como apostar porque la diversión no tenga fecha de caducidad, haciendo de tu vida un juego interminable en el que no faltan ocasiones para disfrutar con las ganas abiertas de par en par… Y, para ello, quizás nos ayude concentrarnos en cinco frentes:

Uno, ATENCIÓN, para jugar a descubrir y disfrutar de los pequeños placeres de la vida que siempre están jugando al escondite en nuestro día a día y que se nos escapan por falta de atención… Desperezarnos lentamente al despertar, la ducha revitalizante en la mañana, el café recién hecho, el sol que nos acaricia, el asiento libre en el metro, la música en nuestros oídos de camino al trabajo… Vive cada uno de estos pequeños milagros cotidianos desde la consciencia y la gratitud y sentirás que cada día vale la pena. Y si te duermes concentrada en ellos y reprogramarás tu despertar.

Dos, CREATIVIDAD, para crear, provocar e inventar paréntesis a diario a modo de pequeños regalos con los que cuidarnos y mimarnos como nos merecemos. Golosinéate el corazón con ese manjar que tanto te gusta, llama a quién te hace sonreír, lee un ratito uno de esos libros que salvan, baila tu canción preferida, medita activa o pasivamente, planea una escapada, ve al cine, queda un ratito con quién nutre tu alma, juega con tus pequeños, descansa entregándote por completo al bienestar, hazte un masaje… Y si todo lo que te gustaría hacer y no puedes invade tu mente, planifica cómo incorporarlo en tu agenda. ¡Procúrate hacer lo que te gusta y te hace sentir bien!

Tres, ELIGE, porque elegir a consciencia cada paso que damos, incluso cuando elegimos fluir o no elegir, nos permite no perder las riendas de nuestra vida y conservar la libertad que sentimos que tenemos estando de vacaciones. Siempre puedes elegir… si no puedes elegir el qué, elige el cómo. Pero ¡elije!

Cuatro, PASIÓN, cada amanecer, tras desprenderte de toda la negatividad bajo el agua, vístete de pasión, pasión por ti, pasión por lo que haces, pasión por lo que sientes, pasión por lo que eres, pasión por la vida… Deja que la pasión sea el motor que te impulsa, porque dónde habita la pasión no cabe el desánimo. Porque, la pasión te hace brillar iluminándolo todo a tu paso y convocando la magia. Recuerda que la pasión es una herramienta básica para que te guste lo que haces cuando no haces lo que te gusta, y que es capaz de transmutarlo todo. ¡Atrévete a ponerle pasión a tus días!

Y, cinco, SONRÍE… siempre… Sin más. Porque podríamos perdernos en los mil beneficios físicos, químicos, emocionales, mentales, sociales, espirituales de la sonrisa… Pero llegaríamos a la misma conclusión… ¡La sonrisa es la llave maestra de todas las puertas! Es la varita mágica que hace realidad tus deseos. Y además ¡es contagiosa! Así que, vamos, ¡SONRÍE!

Ya sabes… de ti depende hacer del síndrome postvacacional un desafío para que la vida no deje de ser una excusa fantástica para jugar, para reír, para gozar, para sentir, para ser feliz… Y sí, tú puedes, claro que puedes, a pesar de los pesares, apostar por ti, por la vida sentida, por la vida vivida en plenitud, equilibrio, armonía y disfrutando… la cuestión es ¿quieres?

Sonríe – Rosana