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“No culpes a nadie…”

Cada vez más llegan a nosotr@s mensajes cargados de luz y sabiduría que nos recuerdan nuestra responsabilidad de crear nuestra realidad, nuestro día a día, nuestra vida. Una verdad de valor inestimable puesto que en ella reside la esencia de nuestro poder. Un poder inconmensurable que nos recuerda que somos capaces de todo lo que nos propongamos, siempre y cuando sincronicemos corazón, mente y acción. No basta con desear con todas nuestras fuerzas, no. Porque el deseo sin acción, sin la voluntad de caminar con coraje, persistencia, confianza, pasión e ilusión, es semilla que cae en tierra yerma. Pero poseemos todo el potencial necesario para lograr cualquier propósito. Sólo necesitamos descubrirlo y aprender a utilizarlo a nuestro favor, empezando por comprender que nada ni nadie puede, ni debe, responsabilizarse de nuestras vidas salvo nosotr@s mism@s.
¿Cuántas veces te has sentido víctima de las circunstancias? ¿Cuántas otras has atribuido lo que te ocurría a la suerte, al destino, a una buena o mala racha, a alguna superstición, a Dios,…? La queja constante y culpar afuera, funcionando desde un locus de control externo, no es más que una excusa para eludir esa responsabilidad de ser, de crear, de actuar para ser l@s diseñador@s, constructor@s y protagonistas de nuestras propias vidas. Porque, claro, si no depende de mí, puedo mantenerme en la conformidad, en la pasividad, en la claudicación, en la no acción. Y ese paradigma que nos ancla a la idea de no podemos hacer nada para evitar que nuestra vida sea como es y no como nos gustaría que fuese, no sólo es fruto de inmadurez emocional, si no que nos condena a seguir varados en una realidad que no hemos escogido a consciencia y que no hemos creado en base a nuestros sueños.
Por eso, en aras a seguir creciendo, avanzando, transformándonos, evolucionando, hoy nos sumamos a la cruzada de interpelarte para que asumas de una vez la responsabilidad de tu vida. Sí, ya sabemos que cuesta aceptar que todo es el resultado de nuestras decisiones. Pero hoy no queremos ir tan allá… Basta con apostar all in a nuestra infinita capacidad creadora, a nuestra responsabilidad ineludible para con nosotr@s mism@s, a nuestro inconmensurable  poder interior… Empieza con algo sencillo: cada vez que te descubras quejándote pregúntate “¿qué puedo hacer yo para cambiar esta realidad?”. Y no te cierres, abre mente y corazón en busca de la respuesta que yace en ti y recupera las riendas pasando a la acción. Porque, aunque que hay factores que no podemos alterar puesto que no dependen de nosotr@s, siempre nos queda la posibilidad de decidir cómo queremos reaccionar a ellos o gestionarlos. He ahí nuestro poder.
Hay unas palabras que revolotean por el ciberespacio, atribuidas a Neruda, que pueden acabar de despeinarte el consciencia ilustrando más y mejor esta importante tarea vital de aceptar nuestra responsabilidad… Con ellas y un deseo de que, tarde o temprano, devengan vía láctea en vuestro caminar, os dejamos…
No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar; corregiéndote, el triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.
Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer, las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón.
Aprende a convertir toda situación difícil en un arma para luchar.
No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte, enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera, todo dependerá de ti; no te amargues con tu propio fracaso, ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño, recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.
Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso.
Si, tú has sido el ignorante, el irresponsable, tú, únicamente tú, nadie pudo haber sido por ti.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.
Aprende de los fuertes de los audaces, imita a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.
Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin alimento morirán.
Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande, que el más grande de los obstáculos.
Mírate en el espejo de ti mismo.
Comienza a ser sincero contigo mismo. Reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte.
Reconócete dentro de ti mismo, más libre y fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias,
porque tu mismo eres tu destino.
Y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.
Levántate mira las mañanas y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de la vida.
Ahora despierta, camina, lucha.
Decídete y triunfarás en la vida.
Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.