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MI COLUMPIO (Canción a mi madre)

Día de la madre… ¡cómo si hubiese uno sólo que no lo fuera!
¡Cómo si ser madre (o padre) no lo fuese a full time!

Pero, ya sabéis que siempre utilizamos estos “Días de…” como una excusa para poder dedicar unos instantes a concienciar, a reflexionar, a venerar, a defender, a promover la acción, a honrar, a reconocer y dar valor a todo y tanto que deberíamos celebrar a diario sin necesitar más razones ni motivos que el simple hecho de existir…

Así que hoy, inevitablemente, queremos regalaros esta pequeña joya de canción para homenajear sin tregua a cada una de las madres…
a las que son,
a las que lo fueron,
a las que lo serán,
a las que no podrán serlo aún deseándolo,
a las que nunca dejarán de serlo, aún sin serlo…
A todas, incondicionales, amor en estado puro…

¡MIL GRACIAS POR EXISTIR Y DARLE SIEMPRE SENTIDO A LA VIDA!

MI COLUMPIO

“Tuve mi casa en tu sujetador y me hice un columpio con tu falda.
Le diste cuerda a mi corazón, lo cogiste en brazos lo bañaste en calma.
Tú siempre sacaste a mi ilusión de su coma profundo,
hoy voy a echarle arena a los relojes para estar más tiempo juntos.

Tus ojos son dos faros de mar y tus manos mi salida de emergencia
y esta canción es para explicar que yo te amaré hasta cuando no te entienda.
Traes tantas semillas en tu boca que al besarme nacen flores,
¿cómo explicar que no se hablar de mi sin pronunciar tu nombre?

Tú eres el otro sol, el que más hace falta,
tú eres un salvavidas y a la vez eres el agua
y la felicidad es verte andar por casa,
todas esas arrugas que la risa hizo en tu cara.
Madre, siempre habrá, estemos donde estemos,
una gran línea recta entre tu cuerpo y mi cuerpo.

Dame la mano y escúchame: ven conmigo cuando estés desencontrada
que ahora me toca a mi devolver tus abrazos cuando el mar me dio la espalda.
Madre, me parezco tanto a ti que a veces cargas con mis miedos
y te siento tan parte de mi que toco el mundo con tus dedos.

Tú eres el otro sol, el que más hace falta,
tú eres un salvavidas y a la vez eres el agua
y la felicidad es verte andar por casa,
todas esas arrugas que la risa hizo en tu cara.
Madre, siempre habrá, estemos donde estemos,
una gran línea recta entre tu cuerpo y mi cuerpo.

Si tú te caes me rompo yo, de mis heridas sangras tú,
abrázame que luego uno se arrepiente.
A veces miro alrededor y veo que hay tan poca luz
que sólo quiero estar de vuelta hacia tu vientre.

Tú eres el otro sol, el que más hace falta,
tú eres un salvavidas y a la vez eres el agua.”

Marwan

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