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Los beneficios de un buen masaje no se explican… ¡se sienten!

Podríamos dedicar estas palabras de hoy a contaros todos y tantos beneficios demostrados que un buen masaje puede tener… en el cuerpo, en la mente, en las emociones, en el bienestar, e incluso, en la vida si lo incorporamos como un elemento constante en nuestros hábitos.

En tiempos de búsqueda del rigor científico, imprescindible si es de miras abiertas y horizontes copernicanos, obvia decir que todo lo que nos cuentan sobre las bondades probadas de los masajes, realizados por profesionales acreditados e impecables en su trabajo, son argumentos irrefutables y necesarios para sostener la importancia de permitirnos incorporarlos en nuestro modus vivendi. Precisamente por eso, cada vez son más los textos que invitan a hacer del masaje un complemento que nos ayude a armonizarnos, equilibrarnos, relajarnos mientras ejerce sobre el organismo toda una serie de efectos positivos de valor inestimable.

Pero, sobre eso ya podemos encontrar mucho escrito…

Por eso, hoy, preferimos centrarnos en un área menos explorada pero igual de significativa: la vivencia del masaje. Porque, sobre lo que no es tan habitual encontrar artículos es sobre la experiencia en sí que supone recibir un masaje de manos de un buen profesional. Una experiencia única y sublime que nos habla de sensaciones, de emociones, de percepciones subjetivas, de imputs  sensitivos y sensoriales…, y de toda una serie de elementos de difícil descripción…

A pesar de ese hándicap, contamos con un elemento de valoración único del que sí podemos hablar para darle forma al poder transformador de un masaje: ¡vuestras caras!

Siempre bromeamos con que deberíamos hacer una secuencia de fotos del antes y el después de pasar por una de nuestras sesiones de masaje, porque es increíble la transmutación… A cada sesión de mimos terapéuticos, una maravillosa alquimia transforma vuestras caras. Incluso tras el trabajo profundo e intenso que a nivel físico puede suponer un masaje descontracturante, al bajar de la camilla siempre nos encontramos con una expresión de relajación profunda en vuestros rostros, con una suave sonrisa meciéndose en vuestros labios, con las pupilas aún dilatadas por el disfrute, con el cuerpo distendido, más liviano, y con una mirada que titila con una luz diferente… Habláis con una cadencia distinta, como sin prisa, como acariciando las palabras. Y, hasta al moveros parece que flotáis, como si al deshaceros tras el masaje todas esas “cargas” que traíais al llegar, vuestros movimientos fuesen más ondulados, como si una ligereza nueva os hiciese caminar a un palmo del suelo, intentando habitar ese tempo en adagio tan necesario para evitar romper el hechizo, postergando el momento de volver a las dinámicas cotidianas que nos arrastran en lugar de permitirnos disfrutar desde el fluir escogido, consciente.

Esa metamorfosis es para nosotr@s el argumento más convincente de que regalarse un masaje constituye una fuente inestimable de bienestar… Porque los beneficios de un buen masaje no se explican, ¡se sienten!

Y, al imaginar esas expresiones de bienestar de las que nosotr@s somos cómplices a diario (¡qué fortuna la nuestra!), al conectarnos con esa imagen placentera de calma y serenidad, sentimos inmediatamente el deseo de ser los protagonistas y permitir que, a través de un buen masaje, nos mimen hasta bendecirnos con una relajación profunda, regeneradora y reconstituyente, y de experimentar en primera persona la transmutación que una sesión de masaje puede provocar a todos los niveles en nuestro ser. Así que… ¡adelante! Poneos en contacto con nosotr@s, elegid entre todas nuestras terapias manuales la que más se ajuste a vuestras necesidades o dejaos asesorar por nuestr@s profesionales, escoged la modalidad como experiencia única u optad por un bono de varias sesiones si apostáis por cuidaros y dejaros cuidar de manera constante y como merecéis, y… ¡a sentir y disfrutar!

¡Venid a ittara Centre de teràpies naturals y dejad que, al salir, vuestras caritas hablen por sí solas!