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Desconectar para reconectar

 

Volvemos después de un tiempo de silencio…

¡Qué imprescindible regalarnos espacios de desconexión, incluso de los medios creados para conectarnos! ¡Qué necesario buscar el modo de reconectarnos con nosotr@ mism@s aunque suponga “desaparecer” socialmente! ¡Qué importante permitirnos y procurarnos descansos balsámicos y reparadores en los que recargarnos de energía poner toda nuestra dedicación en cuidarnos para seguir cuidando!

A veces el reloj nos impone límites insalvables que nos impiden llegar a todo lo que querríamos llegar (¿querríamos? ¿tendríamos? ¿deberíamos?… No, no es lo mismo, pero eso es otro hilo del que tirar…). Es justo en esos momentos de desbordamiento, de sentir que no llegamos, de empezar a escuchar las alertas que nos lanza el cuerpo para avisarnos de niveles de agotamiento o de estrés peligrosos,… cuando debemos tener la lucidez, la sabiduría y la fuerza para hacer un stop.

Porque sin esos oportunos paréntesis en los que “desaparecer” para lograr una presencia de calidad allí dónde queremos estar, corremos el riesgo de “perder el control” sobre nuestra vida, sobre nuestras emociones, sobre nuestra mente… Entramos en estados de automatismo que nos alejan del “aquí y el ahora”, de la consciencia plena, del disfrute de cada paso, y de dar lo mejor y poner todos nuestros sentidos en cada faceta de nuestra vida… Son esos periodos que nosotr@s definimos como ir en uno de esos pasillos móviles como los que nos facilitan los trayectos dentro del aeropuerto… Avanzamos, pero movidos por un impulso casi ajeno a nuestra voluntad. Nos dejamos llevar, mientras vemos pasar todo desde esa pasarela automática y se nos olvida que podemos saltar, bajarnos e, incluso, dar al botón rojo y parar. Y lo peor es que, si no lo hacemos, dejamos de vivir para entrar en modo supervivencia… ese modo casi inconsciente desde el que la vida pierde calidad e incluso sentido.

Por eso es importante regalarnos tiempitos abandonar inercias autoimpuestas y recuperar las riendas. No se trata de frenar en seco, ni de abandonar el camino escogido. Quizás es suficiente con desacelerar el ritmo y adoptar el modo paseo para, desde la calma, hacer un ejercicio de reflexión e introspección que nos permita revisar nuestras prioridades y optimizar nuestros recursos. Ser conscientes de nuestras limitaciones no implica no superarlas ni quedarnos atrapados en nuestra zona de confort. No. Ser conscientes de nuestras limitaciones nos permite responsabilizarnos y crear una realidad interna y externa acorde con la consecución de nuestros propósitos.

De ahí que, esas pequeñas retiradas a tiempo, nos salven de precipitarnos…

En ittara hemos necesitado este tiempo para reconectarnos con la esencia de este sueño y poder ir reajustándonos a la maravillosa realidad de que, cada vez, llegan más personas a las que cuidar y mimar en presencia plena. Quizás, ese estar más presentes en la vida real, nos ha invisibilizado en la vida virtual, pero nos ha sido imprescindible. Sí, porque ittara crece y nuestro tiempo fuera de sesión mengua de manera inversamente proporcional… Pero, estamos de vuelta en este rincón tan nuestro con el firme propósito de conjugar nuestra intensa labor terapéutica con seguir, a ratitos, cincelando palabras que puedan inspiraros, abrazaros, daros alas, invitaros a reflexionar, impulsaros, arrojar un poco de luz, removeros o, sencillamente, acompañaros.

Así que, ¡gracias por seguir estando al otro lado!